Público guiri en Primavera Sound

Tan solo paseando estos días por el Fòrum, a simple vista, era perceptible que el público extranjero andaba disparado, y las cifras de balance lo confirman: representó el 65%, seis puntos más que en 2024 e igualando el récord de la eufórica edición pospandémica de 2022. Comentando con otros nativos la evidencia de ese paisaje humano, y el predominio del inglés como lengua franca, aun sin hacer de ello una tragedia, se palpaba esa sensación melancólica de verte como minoría en tu ciudad, el síndrome de reserva sioux.  

Que la cuota de guiris trepe más o menos depende en buena parte del cartel. Este año, lo ha propulsado el fichaje del trío Charli XCX-Sabrina Carpenter-Chappell Roan, único en el mapa de festivales europeo. Y eso ha generado cierta asincronía en los flujos del público. El extranjero, muy joven y bastante femenino, se ha concentrado en las tres vedetes, y en otras figuras muy famosas en ciertos países y desconocidas por aquí (muchos irlandeses con CMAT, franceses con Zaho de Sagazan). Y en el fondo ‘indie’ del programa ha habido una presencia más visible de la clientela autóctona habitual, más madura y masculina: pases como los de Stereolab o The Hard Quartet (el grupo de Stephen Malkmus, de Pavement). 

Ambas esferas de público han convivido sin fricción alguna, pero tendiendo a ignorarse mutuamente, como si cada una viviera en su propia burbuja festivalera. Que convivan en paz es un logro, hay que decir. Cuesta imaginar que, por ejemplo, en la edición de 2015, entre The Strokes, Interpol y Ride, el festival hubiera tenido a bien programar a Kylie Minogue (un equivalente ‘mainstream’ a lo que hoy podría representar Sabrina). Es verdad que todo se ha hecho más líquido y menos conflictivo.

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